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Delito de lesiones fortuitas : Proscripción de responsabilidad penal objetiva

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA DE LA REPÚBLICA

SALA PENAL PERMANENTE
RECURSO DE NULIDAD N.º 1292-2021
LIMA

Delito de lesiones fortuitas

Considerando que la causa de muerte del agraviado fue generada por la patología cardiaca que padecía, es claro que este resultado no le es atribuible al procesado a título doloso, por cuanto no era una condición que este hubiera generado ni de la que tuviese conocimiento previo. En el mismo sentido, se debe descartar una imputación a título de culpa, pues el resultado de muerte era impredecible e inevitable, incluso si el procesado hubiese prestado auxilio inmediato a la víctima, por cuanto este tenía una enfermedad cardiaca que ante cualquier cuadro de estrés podría ponerse de manifiesto.

Por lo tanto, en atención al principio de culpabilidad y la proscripción de la responsabilidad objetiva, el procesado debe responder únicamente por la acción inicial, mas no por el resultado de muerte.

Lima, nueve de noviembre de dos mil veintiuno

VISTOS: los recursos de nulidad interpuestos por la parte civil, por la representante del Ministerio Público y por la defensa técnica del sentenciado Marco Antonio Fierro de la Cruz contra la sentencia del diecisiete de febrero de dos mil veintiuno (foja 976), que lo condenó como autor de los delitos contra la vida, el cuerpo y la salud-homicidio culposo y lesiones leves —concurso ideal—, en agravio de quien en vida fue Julio César Chafio Minguillo, y le impuso cuatro años de pena privativa de libertad suspendida en su ejecución por el plazo de prueba tres años y fijó la reparación civil en S/ 50 000 (cincuenta y mil soles).

Intervino como ponente la señora jueza suprema CARBAJAL CHÁVEZ.

CONSIDERANDO

I. Fundamentos de las impugnaciones

Primero. La parte civil (fojas 994 y 1000) rechazó la desvinculación procesal realizada por el Tribunal Superior y solicitó que se considere como tipo aplicable el delito de homicidio calificado, en atención a los siguientes fundamentos:

1.1 El imputado Marco Antonio Fierro de la Cruz, con total ventaja, se aprovechó de Julio César Chafio Minguillo y lo tomó por el cuello cuando este se encontraba de espaldas para reducirlo sin ningún problema y lograr el resultado de muerte.

1.2 El móvil que originó la conducta del procesado obedeció a la venganza, pues el agraviado le dio indicaciones al personal de fiscalización para que identificara la tienda de su madre.

1.3 Se debe tener en cuenta la declaración de Ángel Antonio Eskenazi Loyola, quien dio cuenta de las circunstancias en que ocurrieron los hechos.

1.4 La tipificación realizada por la Sala es incongruente, pues carece de fundamento que se le imputen lesiones leves a título doloso, pero homicidio en calidad de culposo. No es posible que un hecho sea doloso y culposo a la vez.

1.5 Recalcó que el Tribunal Superior no consideró que el agraviado era una persona adulta mayor, de sesenta y cinco años de edad, y el acusado aprovechó esta condición para someterlo a un cuadro de estrés y lo atacó por la espalda, lo que generó un infarto al miocardio. Además, el procesado abandonó al agraviado sin prestarle auxilio. En consecuencia, solicitó que se le imponga la máxima pena.

1.6 En cuanto a la reparación civil, cuestionó la motivación del Tribunal Superior. Señaló que esta es insuficiente, pues no reparó en el daño causado (patrimonial y extrapatrimonial). No se consideró el lucro cesante como consecuencia del fallecimiento del agraviado y el daño moral debido a la pérdida del occiso. Solicitó que se establezca la reparación civil de S/ 300 000 (trescientos mil soles).

Segundo. La representante del Ministerio Público (foja 1009) indicó que no se realizó una debida motivación de la prueba actuada, pues se debió establecer como delito el de homicidio calificado. En relación con ello indicó lo siguiente:

2.1 Se desprende de la declaración de Ángel Antonio Eskenazi Loyola que el procesado tomó del cuello al agraviado e intentó tumbarlo al suelo, lo que se corroboró con la declaración de Cynthia Fierro de la Cruz.

2.2 La real intención del procesado era reducir al agraviado y lanzarlo al pavimento con la finalidad de que perdiera la vida.

2.3 Discrepó con la desvinculación del tipo penal de homicidio calificado al delito de homicidio culposo, pues la causa inicial de su deceso fue la lesión en su cabeza, que desembocó en una lesión en el corazón, un edema cerebral y pulmonar, así como un cuadro hemorrágico pulmonar. Circunstancias que no se habrían producido si el ataque violento no hubiese existido.

Tercero. Por otro lado, la defensa técnica del procesado Marco Antonio Fierro de la Cruz (foja 1010) señaló que está acreditado que la causa de muerte del agraviado fue patológica, el resultado de muerte no es imputable al procesado y la conducta de cogoteo no es aceptada por el encausado.

Cuestionó la determinación de la pena. Señaló que se realizó una tipificación forzosa, solo con la intención de incrementar la pena. Así, se incurrió en contradicción y se vulneró el principio de legalidad. El único delito que se le debió imputar es el de lesiones leves; pues, conforme al examen del perito David Chuquipoma en el juicio oral sobre el informe de necropsia, se tiene que la lesión que el agraviado Julio César Chafio Minguillo sufrió en la cabeza fue de un nivel leve- moderado. Finalmente, cuestionó la determinación de la reparación civil, pues indicó que no existió una debida motivación, ya que solo se señaló que existió una frustración en el proyecto de vida del agraviado.

II. De los hechos objeto del proceso penal

Cuarto. Conforme a la acusación fiscal (foja 466), se le imputó al procesado Marco Antonio Fierro de la Cruz el delito contra la vida, el cuerpo y la salud-homicidio calificado, en agravio de quien en vida fue Julio César Chafio Minguillo.

El veintiuno de mayo de dos mil diecinueve, entre las 9:00 y las 10:00 horas, en circunstancias en que Cynthia Yanina Fierro de la Cruz se encontraba en el interior del local comercial galería Naranjito, ubicado en el jirón García Naranjo, distrito de La Victoria, stands 114- 115, discutió con el agraviado Julio César Chafio Minguillo, de sesenta y cuatro años de edad, y le reclamó las razones por las que ingresó a su domicilio e intentó golpearlo, mientras el agraviado trató de esquivar los golpes. En esas circunstancias, el procesado Marco Antonio Fierro de la Cruz ingresó por un pasaje y aprovechó que el agraviado se encontraba de espaldas y lo cogió del cuello, hasta que este cayó al suelo y perdió la vida.

III. Antecedentes

Quinto. Es pertinente determinar el objeto de debate, por cuanto los recurrentes —parte civil, representante del Ministerio Público y defensa del imputado— centraron la mayoría de sus cuestionamientos en la calificación jurídica atribuida a los hechos materia del presente proceso, sin discutir su naturaleza. Es decir, que el procesado Marco Antonio Fierro de la Cruz sujetó desde atrás, por el cuello, a quien en vida fue Julio César Chafio Minguillo, quien como consecuencia cayó al suelo y posteriormente falleció.

Por lo tanto, corresponde determinar si la desvinculación realizada por la Segunda Sala Penal para Procesos con Reos en Cárcel de la Corte Superior de Justicia de Lima del delito de homicidio calificado al delito de homicidio culposo en concurso ideal con lesiones leves es correcta o eventualmente si la conducta corresponde a una calificación distinta.

Sexto. El Ministerio Público, al presentar su acusación fiscal y al valorar los elementos de convicción recabados, sustentó su imputación contra el procesado Fierro de la Cruz en la declaración del testigo Ángel Antonio Esquenazi Loyola, quien advirtió la forma en que el procesado abordó desde la espalda al agraviado y lo lanzó al suelo, situación en que la víctima se golpeó la cabeza contra el pavimento, y en el informe pericial de necropsia, en el que se indicó que presentó tumefacción de 10 cm × 8 cm, parieto occipital central, y que la causa de muerte fue un edema cerebral y una hemorragia pulmonar. Por ello, acusó al procesado Marco Antonio Fierro de la Cruz como autor del delito contra el cuerpo, la vida y la salud-homicidio calificado con alevosía (artículo 108, inciso 3, del Código Penal), en agravio de quien en vida fue Julio César Chafio Minguillo (foja 466).

Séptimo. Por su parte, el Tribunal Superior, al emitir la sentencia del diecisiete de febrero de dos mil veintiuno (foja 988), consideró que, desde una perspectiva objetiva, los hechos estaban acreditados, pues las sindicaciones en contra del procesado estaban mínimamente corroboradas.

7.1 Fue así que se apreció el testimonio de Ángel Antonio Eskenazi Loyola, quien dio cuenta de que existió una discusión entre Judith Marjorie Fierro de la Cruz —hermana del procesado— y el agraviado, lo que desencadenó que el procesado tomara por el cuello al agraviado y lo tumbara al suelo, donde permaneció boca arriba.

7.2 No obstante, el Informe Pericial de Necropsia Médico-Legal número 001845-2019 reveló que el agraviado no presentaba lesiones en el cuello; asimismo, en el diagnóstico integrado pericial se consignó que el agente causante de la muerte del agraviado Julio César Chafio Minguillo fue patológico, y este resultado fue ratificado por los peritos que lo suscribieron y que en sesión de audiencia del juicio oral del quince de enero de dos mil veintiuno precisaron que la causa de la muerte del agraviado fue un infarto reciente de miocardio y no la lesión reciente que este tenía en la cabeza.

7.3 El Tribunal acotó que su razonamiento sobre la calificación jurídica de los hechos no implicaba que el actuar del procesado Marco Antonio Fierro de la Cruz contra el agraviado Julio César Chafio Minguillo quedara impune, pues como consecuencia se produjo la muerte del último. Aunado a ello, se advirtió que el propio acusado no negó haber sujetado por el cuello al agraviado.

7.4 En consecuencia, la Sala realizó un reexamen de los hechos junto con los medios probatorios actuados en el juicio oral, a fin de determinar la correcta tipificación, en la cual se subsumiera la conducta desplegada por el procesado, de conformidad con el artículo 285, literal a), del Código de Procedimientos Penales (desvinculación procesal).

7.5 Propuso para la nueva calificación de los hechos el delito preterintencional, que hace referencia a una tipificación dolosa y culposa de una misma conducta, y de no hallarse así tipificada el caso se resuelve por un concurso ideal.

7.6 En el presente caso, nos encontramos ante un delito preterintencional, en el que concurren los siguientes delitos contra la vida, el cuerpo y la salud: lesiones leves (artículo 122 del Código Penal) y homicidio culposo (artículo 111 del acotado código).

7.7 Los hechos se iniciaron con la intencionalidad de lesionar al agraviado. Es un extremo no cuestionado por el acusado que sujetó al agraviado desde atrás, por el cuello, lo que produjo que este se cayera y se golpeara la cabeza. La lesión está acreditada con la necropsia y la declaración del perito, que indicó que la cabeza del agraviado presentaba una tumefacción de moderada intensidad. En consecuencia, este extremo de la imputación se subsume en el delito de lesiones leves.

7.8 No obstante, la lesión producida por el procesado Fierro de la Cruz, por sí sola, no podría haber causado la muerte del agraviado; en cuanto a este resultado, es consecuencia de la enfermedad cardiaca que padecía el agraviado, que no era pasible de representación para el procesado, quien además no tenía la intención de matar a la víctima. Por lo tanto, este segmento de la conducta desplegada por el procesado se subsume en el delito de homicidio culposo.

IV. Análisis del caso concreto

Octavo. No existen dudas en cuanto a la relevancia penal de la conducta desplegada por el procesado Fierro de la Cruz, por cuanto lesionó la integridad de quien en vida fue Julio César Chafio Minguillo, al llevar a cabo una acción violenta en su contra, lo que desencadenó su muerte.

Lo mencionado se desprende de los siguientes elementos de cargo recabados durante el proceso —considerando para ello que la materialidad del hecho no está en discusión y que el acusado afirmó haber sujetado al agraviado por la espalda y ocasionado su caída—, que en síntesis se enumeran a continuación:

8.1 El acta de intervención policial, inserta en el Oficio número 2183 – 19-REG.POLICIAL LIMA-DIVPOL-CENTRO2 CLV-DEINPOL, dio cuenta de la forma en que el policía Bernabé Humpiri Huamán encontró al agraviado: en el suelo, en posición decúbito ventral, al parecer sin signos vitales. Posteriormente, el médico Walter Vidalon Pinares, personal de SAMU —servicio de atención móvil de urgencia—, constató la muerte del agraviado.

Después, la policía encontró al procesado Fierro de la Cruz escondido en un stand de la galería Naranjito, y aquel narró que tuvo una pelea con el agraviado (véanse el Atestado s/n-2019-DIRNIC- DIRINCRI/DIVDICC-DEPINCRI LV SL —foja 2— y el acta de levantamiento de cadáver —foja 53—).

8.2 La testigo Judith Marjorie Fierro de la Cruz —hermana del procesado— indicó que, momentos antes de los hechos, se encontró con el agraviado en la galería y mantuvieron una discusión. En ese momento, observó que el procesado tomó al agraviado por la espalda y este retrocedió, tropezándose con los pies del acusado (foja 29).

8.3 Por su lado, Ángel Antonio Eskenazi Loyola, testigo del hecho y amigo del agraviado, observó cuando la señora comenzó a discutir con el agraviado, situación en la que apareció el procesado y lo agarró del cuello, intentando tumbarlo al suelo, aquel cayó de “cerebro” y se quedó tendido de espalda. En la ampliación de la manifestación, indicó que el procesado tomó al agraviado desde atrás, por el cuello, y lo ahorcó reduciéndolo brutalmente hasta el piso, en donde quedó tendido de espaldas (fojas 26 y 39).

8.4 El procesado explicó que quiso defender a su hermana porque notó que el agraviado la empujó; entonces, sujetó a la víctima por el cuello con una sola mano, se le resbaló y cayó al piso; especificó que no aplicó fuerza en la maniobra, sino que el agraviado se tropezó con su pie y se cayó de espaldas (fojas 18 y 412).

Noveno. Se aprecia, entonces, que lo relevante, a fin de establecer una correcta calificación jurídica, es determinar si, además de las lesiones dolosas, el resultado de muerte le es atribuible al procesado a título de dolo, culpa o si carece de estos elementos y no le es imputable subjetivamente. Para ello, resulta pertinente establecer y analizar los elementos que nos permitan determinar el factor que determinó la muerte del agraviado Chafio Minguillo. Así, debemos tener en cuenta lo siguiente:

9.1 El certificado de necropsia preliminar indicó que la causa de muerte del agraviado fue un edema cerebral y pulmonar, con hemorragia del último, cuyo agente causante se encontraba aún en investigación. Posteriormente, el Informe de Necropsia Médico-Legal número 001845-2019 detalló la siguiente lesión:

a. Cabeza: lesiones externas, tumefacción de 10 cm × 8 cm en región parieto occipital central, que se corresponde con la lesión interna: hematoma rojo oscuro de 9 cm × 0.7 cm.

En el mismo sentido que el primer informe se indicó que el agente desencadenante de la causa de muerte se encontraba aún siendo analizado (fojas 62 y 232).

9.2 Al ser consultadas las peritas Luz Liliana Marín Hinojosa y Jhovana Elizabeth Geldres Sánchez en juicio oral sobre el Informe de Necropsia Médico-Legal número 001845-2019, lo ratificaron y explicaron que la causa final de la muerte del agraviado fue un edema cerebral y pulmonar, con hemorragia en el último órgano; precisaron que en el examen interno del cadáver se notó el cerebro hinchado (edema cerebral) y en el mismo sentido el pulmón (edema pulmonar), lo que es consecuencia de un proceso fisiológico de muerte. Es decir, estos fueron los factores que causaron finalmente la muerte del agraviado, pero hacía falta determinar cuál fue la causa básica que desencadenó estos edemas y para ello era necesario realizar exámenes auxiliares — anatopatológico, radiología forense, toxicológico forense y biológico forense—. Por ello, se signó en su informe como conclusión que el agente causante de muerte se encontraba en investigación.

Aunado a ello, especificaron que, si bien el cadáver presentó signos generales e inespecíficos de asfixia —cianosis de mucosa, lecho ungueal, congestión de mucosa e infiltrado epitelial y fliodes sanguínea—, estos no eran útiles para diagnosticar asfixia mecánica —homicidio por mano ajena—, pues no se encontraron lesiones externas que tuvieran un correlato con este diagnóstico —como lo serían lesiones en el cuello, la cara o la nariz—, y si bien sí encontraron lesiones en la cabeza del agraviado estas no eran compatibles con dicha conclusión.

Finalmente, se aclaró que estas lesiones traumáticas en la cabeza no comprometieron la vida del agraviado (foja 838).

9.3 Posteriormente, el veintinueve de diciembre de dos mil veinte se emitió el diagnóstico integrado al Informe Pericial de Necropsia Médico-Legal número 001845-2019, en el que se reiteró como causal de muerte edema cerebral y pulmonar, hemorragia pulmonar e isquemia reciente miocárdica y se determinó como agente causante el patológico. Se detalló que el corazón presentó isquemia reciente miocárdica con aterosclerosis coronaria (foja 928).

9.4 En relación con el diagnóstico integrado, concurrieron a juicio oral los peritos David Chuquipoma Pacheco y Juan Hugo Apaza Pino, quienes explicaron que el agraviado tenía condiciones preexistentes de riesgo cardiaco, como un corazón grande y obesidad; asimismo, presentaba una lesión en el corazón como consecuencia de una patología cardiaca —aterosclerosis coronaria—, lo que causó su muerte. Si suprimimos la patología cardiaca tenemos que, con el solo golpe en la cabeza, el agraviado no habría muerto. Aunado a ello, se explicó que por la condición cardiaca del agraviado cualquier situación de estrés podía desencadenar un aumento de presión, una arritmia o la muerte (foja 953).

9.5 En el mismo sentido, la pericia médica especializada de parte sobre la base del informe de necropsia preliminar estableció que la causa de muerte fue consecuencia de una isquemia miocárdica aguda que generó hipoxia con la consecuente edematización cerebral cerebelosa y pulmonar, así como hemorragia pulmonar y congestión multivisceral, que se tradujo como asfixia de tipo patológico por la falta de profusión sanguínea. No existió un traumatismo cervical, pues el cuello visceral y óseo se encontró intacto. Una isquemia del miocardio traducida como infarto agudo de miocardio es la primera manifestación de enfermedad de las arterias coronarias, corroborada con la presencia de placas ateromatosas en arterias coronarias y aorta (foja 308 y ratificada en juicio oral a foja 855).

Décimo. Considerando, entonces, que la causa de muerte del agraviado fue generada por la patología cardiaca que padecía, es claro que esta no le es atribuible al procesado a título doloso, por cuanto no era una condición que este hubiera generado ni de la cual tuviese conocimiento previo. En el mismo sentido, se debe descartar una imputación a título de culpa, pues el resultado de muerte era impredecible e inevitable, incluso si el procesado hubiese prestado auxilio inmediato a la víctima, por cuanto este tenía una enfermedad cardiaca que ante cualquier cuadro de estrés podría ponerse de manifiesto.

Por lo tanto, en atención al principio de culpabilidad y la proscripción de la responsabilidad objetiva, el procesado debe responder únicamente por la acción inicial, mas no por el resultado de muerte.

Undécimo. Por lo expuesto, corresponde aplicar la figura jurídica de desvinculación de los delitos contra la vida, el cuerpo y la salud- lesiones leves y homicidio culposo al delito penal de lesiones con resultado fortuito, regulado en el artículo 123 del Código Penal: “Cuando el agente produzca un resultado grave que no quiso causar, ni pudo prever, la pena será disminuida prudencialmente hasta la que corresponda a la lesión que quiso inferir”.

En este caso, se advierte que “el agente mediante su conducta dolosa pretende causar una lesión poco grave al sujeto pasivo; sin embargo, por circunstancias fortuitas, imprevistas e imprevisibles se produce una lesión grave o la muerte de la víctima”1.

La intención del procesado Fierro de la Cruz fue neutralizar al agraviado ante el ataque verbal que realizaba a su hermana, en todo caso para ello causar una lesión de leve intensidad al agraviado, pues después de forcejear, cuando el agraviado cayó al suelo, el procesado detuvo el ataque; la muerte del agraviado no le es atribuible, por cuanto era imprevisible bajo cualquier supuesto. Concurre el dolo en el actuar inicial del procesado porque sujetó el cuello del agraviado por detrás, haciéndolo caer al suelo y generando una lesión leve en la cabeza de este; no obstante, el resultado de muerte era imprevisible para el encausado.

Duodécimo. En relación con la determinación de la pena, se debe tener en cuenta que la pena no puede sobrepasar la responsabilidad por el hecho; en el presente caso, el procesado Fierro de la Cruz solo puede ser responsable penalmente por el hecho que con intención causó, es decir, la lesión del agraviado.

Aclarado ello, se aprecia que el marco punitivo aplicable es el señalado para el delito de lesiones leves: no menor de dos ni mayor de cinco años, que el Tribunal Superior consideró que el procesado carece de antecedentes penales (foja 192), que su edad cuando ocurrieron los hechos era de veintitrés años, así como el impacto social de los hechos, por lo que corresponde modificar la pena a cuatro años de privación de libertad suspendida condicionalmente por el plazo de prueba de un año.

Decimotercero. Finalmente, con relación a la reparación civil, se advierte que la Sala Superior la fijó en S/ 50 000 (cincuenta y mil soles), criterio con el que concordamos, por cuanto el daño causado es irreversible, puesto que se trata de la pérdida de una vida humana; además, se consideró que el agraviado era el sustento de su hogar; asimismo, se tuvo en cuenta la frustración de su proyecto de vida y la afectación emocional de sus familiares.

DECISIÓN

Por estos fundamentos, los señores jueces supremos integrantes de la Sala Penal Permanente de la Corte Suprema de Justicia de la República:

I. DECLARARON HABER NULIDAD en la sentencia del diecisiete de febrero de dos mil veintiuno (foja 976), que condenó a Marco Antonio Fierro de la Cruz como autor de los delitos contra la vida, el cuerpo y la salud- homicidio culposo y lesiones leves —concurso ideal—, en agravio de quien en vida fue Julio César Chafio Minguillo, y le impuso cuatro años de pena privativa de libertad por el plazo de prueba tres años, REFORMÁNDOLA, se desvincularon de la calificación jurídica del delito de homicidio culposo y lesiones leves al delito de lesiones con resultado fortuito, consignado en el artículo 123 del Código Penal y le impusieron cuatro años de pena privativa de libertad suspendida en su ejecución por un año. NO HABER NULIDAD en el extremo que y fijó la reparación civil en S/ 50 000 (cincuenta y mil soles).

II. DISPUSIERON que se notifique la presente decisión a las partes apersonadas en esta instancia, que se devuelvan los actuados a la Sala Superior de origen y que se archive el cuadernillo respectivo.


1 SALINAS SICCHA, Ramiro. (2013). Derecho penal. Parte especial (5.a edición). Lima: Iustitia y Grijley, p. 322.

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